viernes, 5 de febrero de 2010

El mástil

Por qué se apartan de mí
tal si debiera callar tu memoria
aquellos, a quienes de ti hablo.
Qué hiriente distancia se desprende
del sutil desasosiego,
embarazosa despedida
o mirada esquiva hacia el seguro silencio.

Por qué se apartan de mí
tras la infame indulgencia
con que tratan a los desquiciados,
o tramando el disimulo
por la manzana podrida
de un fastidio inquieto,
ruborizado
como una cobardía al descubierto.

No te alcanzó el auxilio
de mi tardío recuerdo,
no sirvió entonces mi clamor de ahora
ni fue tu defensa, ni bastó para serlo.

He roto el reloj de arena
pero no se ha mezclado el tiempo.

Me consuelo soñando un mar
donde sea la dignidad
el mástil de todos los veleros.

3 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Emocionante hasta el tuétano. Un grito que se eleva, solidario. Unas manos que se unen, las mías. Unos ojos que acompañan la belleza de esos versos que consuelan la falta de dignidad observada.
Me erizó.

Anacanta dijo...

Aquí no. Aquí no se lo que decir.
Solo agradecer cada palabra.
Agradecer cada comentario.
Agradecer cada lectura.
A todos los que sueñan
con ese océano
"donde sea la dignidad
el mástil de todos los veleros".

Daniel dijo...

Así me he sentido muchas veces, más de mil lustros de veces.

Excelente.

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