martes, 23 de marzo de 2010

Velero de la luciérnaga

Apenas la oí. Fue como un gozne
de lo oscuro plegándose dócil.
Entreviendo olas de susurros,
adivinando su pisada temerosa
en la íntima noche descalza,
me vi acunando allí su leve luz
como a una luciérnaga herida
rezagada entre mis manos.

Nada pregunté, nada me dijo.
La vi crecer en la brisa dormida de mi aliento,
maltrecha como estaba, vi de nuevo la pujanza
de un velero animado por el blanco
resurgir de la vida en las gaviotas.

Confortados colibríes de canela,
tristezas de fado emigrando de la estancia.
Escenario de albatros,
arenas y rompientes
fueron allí mis propias manos.
Abrazado como estaba a mi desdicha,
conmovido sin saber como ayudarla,
estalló la habitación en barcos,
desmedidas extensiones
se llevaban la desgracia.
Y allí vi, florecer entre la luz,
la sonrisa con que siempre me alegraba.

5 comentarios:

vuelo de hada... dijo...

La vi crecer en la brisa dormida de mi aliento...
Que bonita manera de hacer versos, me ha encantado este poema.
Un abrazo

Isabel Martínez dijo...

Y estos barcos nos inundan de belleza a quienes pasamos a contemplarlos y gozarlos. De auténtica belleza alada.
Gracias.

Ramon.Eastriver dijo...

Me gusta, es condensación, me recuerda a la poesía de Pedro Salinas. Intenso e íntimo.

Daniel dijo...

De absoluta belleza. Me ha encantado.

Saludos.

AROBOS dijo...

Muy buen poema. Tiene imágenes estupendas: "estalló la habitación en barcos..." Una orgía para la imaginación.

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