lunes, 8 de marzo de 2010

Velero del reproche infame.

Ella no debió salir sola.

No debió confiar en la fuerza
de su derecho a andar sin miedo.

No debió creer en las palabras
lejos del acento de su casa.

Ella no debió sonreír en la noche.
Mucho menos, libre ni dichosa.

No debieron sus pies
invocar el ángel de la cadencia,
ni alimentar los vencejos de la danza.

Ella no debió provocar colibríes ni mirlos,
levantar a su paso bandadas de aroma
o dar a sus manos trabajos de mariposa.

Ella no debió dilatar la pupila del asedio
ni exponer su ruiseñor a la emboscada.

Ella no debió confiar en hombre alguno.

Ella no debió morir por eso.

En recuerdo de Ana Lirola.
En homenaje a todas las mujeres del mundo.

3 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Precioso. Sí, ya sé... Te digo como siempre, porque siempre es así, porque no miento, porque es lo que me produce tu poesía: emoción profunda, lírica que se alza en la celebración de un recuerdo, que da al mundo belleza... Quizás el mundo no merezca tanto, pero -como parte de él- me sumo con ganas a tu homenaje a Ana y a todas las mujeres.
Es bellísimo.

Ramon.Eastriver dijo...

Hermosa poesía la del "angel de la cadencia". Vital dentro de todo, un canto a seguir luchando por un mundo mejor.

Pedro Ojeda Escudero. dijo...

pero ella fue valiente

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