viernes, 2 de julio de 2010

Velero del rumbo viajado

Enemigos del tiempo o sus voceros
no conocemos la finalidad
o acaso es tan inmensa,
tan intensos sus designios,
que en ella estamos inmersos.

5 comentarios:

Isabel Martínez dijo...

Aun desconociendo el fin del viaje y los motivos del mismo, debemos seguirlo, embarcarnos y surcar todos los mares a los que nos lleve nuestro velero, porque el premio es el viaje en sí, no su destino.
Al compás de estos versos, tarareo la letra de Kavafis con la música magnífica de Luis Llach, "Viaje a Itaca", un viaje pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
Naveguemos, pues, donde los azares nos lleven y dejemos que el aire nos peine las ansias.

Anacanta dijo...

Querida Isabel, la recompensa es la propia vida, quizás ese sea también el destino. Escuchar a Luis Llach, diluirse en las palabras de Kavafis, es fundir en uno el puerto y la estela, el destino y el viaje.
Un abrazo

GINEBRA dijo...

Dejarse arrastrar sin rumbo para unos, temor a lo primero y necesidad de mapas para otros, pero al fin y al cabo, un viaje para todos.
Besos

Anacanta dijo...

Ginebra, saber el rumbo aún cuando se sepa que nadie del presente llegará, esa necesidad que nos aqueja a todos. Pero afrontar la vida es asumir que todos somos timoneles.
Un abrazo

Amorphis dijo...

La finalidad no justifica el viaje, la intención y las ganas es lo que cuenta. Al final la recompensa siempre será grata.

Saludos!

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