viernes, 4 de marzo de 2016

Velero para Walt Whitman


Solo esperas que tu sangre, con silencio quáquero
cuente en la tierra la historia de un corazón grande
ante una audiencia de humus y gusanos miserables.
Y no esperas de la muerte, otra cosa que la muerte.
Sin trompetas celestiales ni venganza divina
contra quienes te humillaron pero no te rebelaste.

Como en todo te has diluido en todo quedas.
Como a todo has amado, todo añora tu presencia.
El desprecio del insulto. El terror de la amenaza.
El dolor de la queja. A nada has renunciado.
Has copulado con el viento y con la arcilla.
No te detuviste a la puerta de la cueva.
Hibernaste con la fiera y con ella cazaste.
No fuiste fiel a nada para ser leal a los contrarios.
Como todo perdonaste todo te ha sido perdonado.

Nada esperabas y nada te fue dado
por eso nada te decepcionó y a todo amaste.
Ningún amante te fue fiel y a ninguno juraste amor eterno.
Solo a la palabra rendiste devoción. Y comprendiste.
La vida siempre obtiene la victoria.
La muerte gana todas las batallas.

Tus hombros de pana gastados por la luna
aún permanecen como los dejaste
testigos del frío y de los horizontes.
Como si no pudiesen morir sin dejar testimonio
ni profanar a la insensible intemperie.

Por igual abrazaste la bondad de todas las religiones
y por igual todas condenaron la herejía de tal promiscuidad.
Qué decir de tu voz. Cómo no vindicar la indecencia de las muchedumbres. 
Brazado de gentes arrancadas. Balance atropellado de hojas de hierba.
No podía ser poesía, dijeron. Pasto para el ganado.
Y hubo así alimento para la épica de la insignificancia.


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