domingo, 31 de enero de 2010

El ángel mutilado

Encontré la noche cambiada de lugar,
un ángel caído junto a la ventana
y las fiebres de la infancia
oxidando las sábanas guardadas.

Partiendo el candor del aire
cayeron semillas de pájaro
en la falda misma del regreso.
Oh! regadas antaño con besos de orilla.
¡Tentación de vuelo y su temblor de fado!

El tiempo es transparente, veloz con lo hermoso.
La noche, opaca y protectora como el olvido.

Cuando antes despertaba siempre era de día,
ahora tan solo encuentro
una luz encendida.

Otro ángel se rompió contra el cristal de la ventana.
Ni el aire sabe atravesarlo,
solo la luz, la luz lo sabe.

Al otro lado, pétalos de mariposa,
viejos pensamientos floreciendo,
un ala de la tarde
trasplantada sobre un libro guardado,
el ocaso extendiendo su miel por el cielo...

Ante tanto anhelo
la tristeza es necesaria.

¡Cuanto dolor junto a la ventana!
A veces sopla el tiempo, al pie del cristal
ángeles estrellados son barridos como hojas,
mientras otro ángel nacido sin alas,
permanece sereno y admirado:
en su alma una cúspide,
una silla de ruedas en sus manos.
Descubrió al fin el secreto del cristal y la luz...
Solo la luz puede entrar,
solo puede salir la mirada.

jueves, 28 de enero de 2010

Maestro y aprendiz

En medio del río
no parece haber otra cosa
mas que el fluir del agua.
Sin embargo
el árbol de la tarde
parece inamovible.
Está quieto
en medio del fluir,
quizá para enseñar
quizá para aprender.

sábado, 23 de enero de 2010

Quiero conocer

Quiero conocer el bestiario agazapado
en tu mirada rebosante de alcobas y desorden,
temblando de secretos y de abrazos
rendir al fin nuestras murallas,
rociar mi aurora con lágrimas que no has llorado,
escuchar, cómo el abandono del aliento,
se detiene en el espasmo de una vela
a humedecer y libar la flor de la caricia.

Quiero gastar en tu busca
sandalias de pedigüeño,
almohada huraña
en mi lecho desvelado.
Soñar el agua dormida del estero,
aplacar así la insistencia
vertiente irrevocable
que es la soledad de ti,
tú que eres
la piel de la sal de mi sed.

Quiero conocer el dolor
mercenario de tu ausencia,
morder el silencio, consumirme en esperas,
saber que habrá un final
y a pesar de ello delinquir en el deber,
llegar tarde a mis afanes,
no volver
cuerdo de ninguno de tus lances,
ser piedra vencida en polvo de desván
por diluirme después
en el vasto amor que me tienen prometido
tus ojos en la orilla de la tarde.

sábado, 16 de enero de 2010

Pequeño velero


Dualidad o simetría:
solo un matiz que se desliza
en el encuentro con el espejo.
En la noche te amé
por el día te quise.
A qué aspiro
sino a tejer la sombra
de mi locura por un beso.

Comentario realizado por Camino a Gaia en la entrada "El espejo de las ideas" del blog "Conciencia personal"
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