domingo, 28 de febrero de 2010

Velero del almendro

Inmerso en el paisaje
libando los pigmentos,
allí la vendimia.
El vuelo raso de mis dedos
navegando las mieses,
surcando ebrios las espigas.
Las redes llenas
de luz y de hipocampos.
Aquí me tienes.
El viaje exausto
la partida infinita.
Almendro peregrino a la abeja de tus ojos.

Ahora el tiempo abarrotado,
libre ya de su mazmorra,
pletórico de insectos
volando en el estío
sacia su sed de venganza
en la nube carmín de tu sonrisa.
Me atraviesa el canto
loco y residente
de alegría placebo.
Almendro peregrino a la abeja de tus ojos.

Antiguas ruinas
vocablos del ocaso.
Cantábamos la pérdida
entonces sin saber
que éramos regalo
o sospechar siquiera
que disuelta
en tierra y sin Oriente
mutabas guía nueva.
Y yo perdido:
Almendro peregrino a la abeja de tus ojos.

jueves, 18 de febrero de 2010

Velero del encuentro

No se si tu voz es un pájaro
o la visita de un ángel perdido.

Arde mi corazón en el crisol de tu abrazo
mientras en tu piel juegan mis dedos como niños.

Esperaba esto como la primavera de los barcos,
náufrago de tu sombra vi los mástiles florecidos,

como azote de ansia, sentí que llegaban tus labios
yo los recibí con brotes tiernos de cariño.

Abandoné todos mis credos, ya cansado,
para gozar la herejía de mi delirio.

¡Arde corazón! como corcel alado
en busca de tu sol amigo,

debes conocer el amor, antes que caigan los párpados
en leve bandada de pétalos antiguos.

sábado, 13 de febrero de 2010

Velero del regreso

No puedes volver.
Lo dice el tiempo
la mas elemental sensatez
y este olvido
que apenas deja ya
un resquicio para tu acorde.

Derviche el sol el mundo gira
te busco en todos los crímenes
y allí me duelo.
Y tienes otros nombres
y ante ellos se arrodillan mis sollozos
me indigno de nuevo y allí me nace
la voz para tu palabra
la música para tu canto.

Sustancia equívoca
de esta realidad indigna
la memoria pugna
la verdad despliega
su avatar
en la inquietud oscura
de los secretos convenidos.

Si he de sacrificar mi cordura
para dar vida a la vida arrebatada
sea así y loco yo
levante la copa de tu presencia
y beba al fin
la dicha de tu regreso.

viernes, 12 de febrero de 2010

Incertidumbre


Extracto de asombro
cansado, cuando no se sabe
qué hacer con la noche,
ni con un beso ciego,
ni con el sufrimiento.

Retazos de recuerdo
como polillas clavadas
en la obsesión de una lampara,
exposición de vuelos erráticos
disecados en el sin sentido.

Espera la niña
de unos ojos perdidos,
conjunción de mar y de arena,
en este extenso insomnio
que vengan los peces guias
profundos del descanso.

No saber siquiera
para lo que sirve la rosa
de los vientos ni saber
donde vive la Estrella
Polar de todos los fríos y los nortes

...y vivir en la noche cortada por el viento.

martes, 9 de febrero de 2010

Siempre estamos a tiempo

No puedes volver.
Y el ángel estalla
contra el cristal de la ventana.
¿Qué ocurre cuando en el tiempo
se sigue una línea de hormigas?
Ocurre que nada puede volver.
Ni un inciso.

Solo la memoria.

Esa es la causa de la venganza
y el agradecimiento.
No se puede volver.
En el tiempo ni una brizna.
Ni tan siquiera
para rectificar.
Por eso
tan solo en el presente
y en el futuro
podemos cambiar el pasado.

viernes, 5 de febrero de 2010

El mástil

Por qué se apartan de mí
tal si debiera callar tu memoria
aquellos, a quienes de ti hablo.
Qué hiriente distancia se desprende
del sutil desasosiego,
embarazosa despedida
o mirada esquiva hacia el seguro silencio.

Por qué se apartan de mí
tras la infame indulgencia
con que tratan a los desquiciados,
o tramando el disimulo
por la manzana podrida
de un fastidio inquieto,
ruborizado
como una cobardía al descubierto.

No te alcanzó el auxilio
de mi tardío recuerdo,
no sirvió entonces mi clamor de ahora
ni fue tu defensa, ni bastó para serlo.

He roto el reloj de arena
pero no se ha mezclado el tiempo.

Me consuelo soñando un mar
donde sea la dignidad
el mástil de todos los veleros.

jueves, 4 de febrero de 2010

Velero de la mariposa marítima


Hendía la lluvia
la llanura azul de su fruta.
Árbol inclinado hacia las olas,
al saludo matinal
del horizonte recién iluminado.

No puedes volver.
El llanto acentúa sus crines lacerantes,
la quemazón del viento estéril
porque no ha encontrado nada en el bies de tu derrota.

El olvido en cambio alarga la distancia,
te busca en el lugar de dónde nacen
la fuente y el cáliz de tu altura.

Quién te iba a decir
que serías espejo de verdades o mariposa de anhelo.
Tú que nunca creíste en los milagros.
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